Global Warming. Reggaetón en la era del perreo planetario. Santiago Gómez | TTU

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Global Warming

Reggaetón en la era del perreo planetario

Santiago Gómez

I.

Canción para las fiestas futuras

La voz cantante me habla desde un tiempo remoto. Su sonido de asfalto emana de entre los asientos traseros de un Diablo Rojo customizado, que avanza por la autopista Panamericana a más de 180 kilómetros por hora. En algún lugar del triángulo urbano, entre Caracas, Bogotá y Colón, la gasolina remanente de un mundo venido abajo, se mezcla con el sonido que envuelve al último hombre. Quien contempla, desvalido, cómo su signo se desvanece como un rostro de arena en los límites del mar.

Embriagando la continuidad del tiempo con gases de hidrocarburo, la canción motorizada avanza en dirección al pasado. Busca infiltrarse en los oídos supersticiosos del oyente ideal, para difundir el mensaje que conducirá a las masas hacia las fiestas del mañana. La letra de la canción, ahora maleficio lanzado al aire, puede escucharse en todas partes. Es la historia de un virus de transmisión sexual, que infectó a una raza alienígena. Guiandola hacia un futuro diseñado por su propia voz.

Al ritmo de aquel tiempo lejano, su protagonista, agotado residuo humano al borde del colapso, renuncia a los cuidados de sí mismo, para abandonarse a los más abrasivos y espectaculares movimientos en la pista de baile total. Torsos heridos y articulaciones laceradas, contemplan su existencia siendo reducida a la participación obligada de una ceremonia, cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna.

En su delirio, el afiebrado cuerpo social cabalga un sampleo repetitivo que la música, y una forma de capitalismo todavía no articulada, propagarán en la atmósfera terrestre como nuevo régimen libidinal.

II.

Infierno-técnica

Nuevamente, las superficies de contacto de la enfermedad y la música, se encuentran al filo de la cadena de contagio. Interponiéndose la una a la otra en la carrera espacial para determinar el dominio de la próxima crisis planetaria. Fauna humana más allá de los límites delineados por el antropomorfismo pop, se reúne en el ciclón del siglo XXI para celebrar el apogeo y la incertidumbre del nuevo fenómeno global. El reggaetón en la era del perreo planetario no espera un disparo mediático sino cósmico.

Latente, tras el cerco sanitario, la entidad poliforme del zandungueo se prende y se desprende de los sexos. Conspirando con entidades virtuales para mantener su crecimiento por encima de la curva necrótica de la pandemia. Su principal estrategia es el Perreo. Pandemonio Panamericano. Tecnología que conecta Apocalipsis indígena y futurismo afrodiaspórico. 500 años de Paraíso Perdido ocultista, bañado en caldo de pescado, sangre de lagartija y hip-hop. Equivalente sónico al espíritu absoluto en la era del barroco neoliberal. Infernotécnica que combustiona el motor de las culturas calientes y las moviliza en la lucha por la hegemonía de la piel.

Inverosímil desde antes de los 2000, la genética del movimiento autodenominado en Puerto Rico “underground” determinó la pauta de crecimiento urbano-social. Actualmente, todos y cada uno de los estratos de la jerarquía epidérmica se mantienen sometidos a su despotismo cárnico, autoridad pélvico-gravitacional cuya tendencia expansiva se encuentra remarcada por el mercado y el sudor.

La dilatación del ensanche latinoamericano sobre el cuerpo exhumado de la tierra, se expande como una inquietante máquina transoceánica, proyecto ritmo-genético propulsado por las dinámicas de contagio de los #neoperreos: 1) La corrupción proxémica de la kinosfera durante el baile. 2) la propagación de ambientes psico-sónicos por inflación de su misma expectación o hype.

En efecto, las ondas del reggaetón despiden un germen que funda palenques, barriadas y favelas en todo el mundo. Una cosmotécnia nocturna, no por ello menos calcinante y, por lo mismo, rebelde a un imperialismo solar. La transmisión de la cultura Club por canales subterráneos hace que el día se haga de noche. Es por eso que la música representa la oclusión incandescente que vuelve negro al sol. Es conocimiento oculto que relaciona Djs y productores a lo largo del continente, en una red unificada de Compilados de Remixes y Bootlegs.

Eminentemente transgénero, pese a la agresividad histórica con la que desde su origen fueron reafirmados antiguos estándares sexuales, el reggaetón, como totalidad reverberante, fue capaz de montarse, en un inquietante movimiento de súcubo, sobre el tambaleante y por extensión cadencioso miembro patrio-tropical. Remasterizando su sonido, fueron reducidos los espacios de exclusión e impulsado lo que Isabelia Herrera llama “visiones pro-perra del Club”. Esta inclusión radical post-género coincidirá con la trasformación ecográfica de los límites de América, que, con un cuerpo hipersexualizado, pasará a oscilar entre el archipiélago fantasma y la mega isla. Un territorio ambiguo, cuya materialidad es el resultado de siglos de contrabando, tráfico de culturas, mercancías y seres humanos.

Así, la máquina colonial, cuyos fantasmas se manifiestan en las ansiedades de una estirpe destripada, linaje fracturado o mestizaje radical, supervive —dominada— en un clásico movimiento de posesión. De este modo, el reggaetón pasa a funcionar como un demonio inorgánico, una entidad que se insufla del remanente espectral de los campos de muerte a lo largo de las Américas, para imponerse en la carrera espíritu-ideológica de la ocupación de los cuerpos. No es solamente ingeniería hedonista, santería de iphone o fantología intestinal. Es la expresión inmanente del vigor. La producción libidinal de esa fábrica de cuerpos llamada Club.

Como apunta Franco Bernardi, el alma es aquello que “convierte la materia biológica en un cuerpo animado”. Es así como el dembow se revela como la marca cíclica, el loop que transfiere los sonidos revolucionarios del instrumento virtual-percutivo, drum-machine esclavizada en un tiempo remoto, a la superficie R.E.A.L de la actualidad-cuerpo. Ese cuerpo que ocupas tú, aquí y ahora, pero también aquel otro de nombre Presente, que repta unidireccionalmente en la recta del tiempo y el espacio. Extraído de entre sus costillas, el equivalente sónico a la Configuración de los Lamentos de Hell Raiser, aquella caja negra de donde emanan los sonidos maléficos del reggaetón, revela lo que el corpus del presente esconde: la congestión a varios tiempos que oculta el velo del progreso. Una fachada que esconde la forma de ese antiguo primigenio llamado futuro.

III.

Música Alien

Hoy en día, la música reggaetón se percibe más intensa que nunca, ya que la parte faltante de su núcleo hermafrodita, ese Otro que se ensambla —empiernandose— al yo, brilla por su ausencia. En efecto, millones de individualidades latentes, encadenadas a la tracción positiva que resulta de contraponer el relato VR-hológico a la politentacularidad reggaetónica, provocan a una cada vez mayor multitud de ficciones sónico-libidinales; que aguardan latentes, revolcándose, a falta de otro cuerpo, bajo su propia piel.

Deseosas de cuerpos y contactos otros, algunas de estas entidades —que aún conservan rasgos humanos— se aventuran a un afuera por encima del miedo a la muerte. Como vampiros termodinámicos en busca de calor. ¿Con qué finalidad? se preguntará ¿La disolución de los cuerpos o su reafirmación en el encuentro con los otros?

Sin importar la dirección a la que se decidan las pulsiones de estas criaturas, la pregunta que nos dejan a quienes todavía evitamos el contacto, parece formulada desde un tiempo remoto: ¿En qué momento la pregunta sobre cuándo volveríamos a la fiesta, aquel glorioso instante en el que tú y yo nos encontraríamos de nuevo en la pista de baile, se convertiría en la pregunta de si alguna vez saldríamos de ella?

Como si la espiral dialéctica fuese allanada por ciber-guerrillas venidas del futuro, y el presente fuera tomado como su rehén, la voz que emana de estas líneas no indaga el modo en el que los elementos sónicos y sociales del reggaetón anuncian un mundo por venir. Es decir, la tesis especulativa que abduce los efectos secundarios del perreo en las sociedades post-latinoamericanas. Más bien, es la confirmación al presente de lo que ya es una realidad en el futuro. Performando lo que Fernanda Morales, en diálogo hipersticional con la C.C.R.U., denomina una implantación retrocronal, las líneas que se leen en este texto corresponden a una incrustación fraudulenta en el continuo histórico “real” por parte de un futuro dominado por el Tra.

Inhumano, el reggaetón en la era del perreo planetario infringe la misma violencia cognitiva que se experimenta cuando la vida se encuentra amenazada por fuerzas que sobrepasan su imaginación. Y es que, por encima del distopismo blanco, el sublime hiperobjeto del reggaetón anuncia la partida del hombre y su signo de humanidad. Pues, como apunta Kodwo Eshun, el humanismo “es una categoría perezosa y traicionera”. Solo la Música Alíen, que reniega de su insignia, es aquella que llevará consigo el impulso despótico que “estruja la cronología como una bolsa de papas fritas”.

Siguiendo la distinción que Kodwo hace entre crítica e ingeniería conceptual, esta voz se presenta como portadora de múltiples conceptécnicas. Un dispositivo en sobremarcha que utiliza la teoría para excitar e igniciar las moléculas especulativas que conforman la niebla polirrítmica del futurismo urbano radical. Una categoría diseñada por la discográfica APOCALIPSIS y la plataforma de música en vivo Boiler Room, para amplificar el open source perreo y el Tra Intergalactico. Estas son algunas de las conceptécnicas que amenazan con apoderarse del mundo y someterlo a su dictum boombooneador.

Navegando en las aguas negras del estigia maquino-caribeño, rumbo a lo que será el mundo oscuro generado por la singularidad-reggaetón, la Música Alien, en complot con religiones callejeras, imágenes re-sintetizadoras de deseos y bellaqueos a diferentes intensidades, traza los lazos invisibles en los que un titiritero del futuro pone a bailar la estructura del presente. Al ritmo de la plena, el dancehall y el trap, el cuerpo nuevo anuncia el infierno por venir: Desculonización.

Lectura recomendada por el autor >

 

Herrera, Isabelia. Neo-Perreo: 15 Artists Writing Reggaeton’s Weird and Wonderful New Chapter. RE-mezcla. 2016. Recuperado de: https://remezcla.com/lists/music/15-neo- perreo-artists/

Bernardi, Franco. Souls At Work, Los Angeles: Semiotext(e), 2009.

Eshun, Kodwo. Más Brillante Que el Sol. Incursiones en la Ficción Sónica. Buenos Aires: Caja Negra, 2018.

Reynolds, Simon. Renegade Academia: The Cybernetic Culture Research Unit. 2009. Recuperado de: http://energyflashbysimonreynolds.blogspot.com/2009/11/renegade- academia-cybernetic-culture.html

Boiler Room. Tra Intergaláctico. 2017. Recuperado de: https://boilerroom.tv/session/apocalipsis/

Morales, Fernanda. Xog’e-. Hipersticiones para los Cuerpos por Venir. Ciudad de México: Página Salmon, 2019.

Negarestani, Reza. Ciclonopedia. Complicidad con Materiales Anónimos. Segovia: Materia Oscura. 2016.

Mackozay, Eduardo. Perreo como Re-configurador Espaciotemporal. Video-Ensayo. 2019. Recuperado de: https://vimeo.com/313734066

Santiago Gómez Chaparro / (Bogotá, Colombia, 1992). Reside en Ciudad de México.

Artista Visual con formación en Filosofía y Letras. Integrante de la generación 2019 del programa educativo SOMA y de la maestría en Artes Visuales de la UNAM. Actualmente cursa un Doctorado en Artes Visuales en la misma Universidad.