La búsqueda del Monstruo Nuevo. Eduardo Cruces | TTU

CONVOCATORIA 2020 > ENSAYOS TRANSMEDIALES

La búsqueda del Monstruo Nuevo:

 Hacia una revisión desindustrializada de los vínculos de parentesco durante el mestizaje austral.

Texto inspirado durante la colaboración en la escuela artística e independiente con enfoque de niñez: La Caleta, Chile. Una relación con las niñeces y antepasados que cuestiona la noción de futuro, en este caos total 2020.

[voz 1]

“Somos Futuro Hoy”, así dice la pancarta sostenida por un grupo de niñas y niños durante una marcha de protesta, o así al menos, la contingencia nos tensiona a vivir la noción de futuro en la actual emergencia, entre: revueltas populares por el malestar social, confinamiento planetario por la pandemia y la amenaza global de un estado de sitio permanente, aplicado por los gobiernos para controlar nuestra trazabilidad. Esto, también hace cuestionarnos nuestra propia experiencia ya trazada, a través de situaciones similares ocurridas en el pasado, me refiero, a los choques provocados por la colonización del Nuevo Mundo/Abya Yala, en su importación de enfermedades, aparatos de guerra y de vida, animal, vegetal, sangre, huesos, lenguaje. Todo en una elipsis temporal, que implica una forma de entender la historia como la valoración “de los esfuerzos y sacrificios que le ha costado el presente al pasado, y que el futuro le cuesta al presente”, tal como Gramsci sugiere. Así, apuntados en nuestro contexto de la provincia de Concepción-Arauco, al centro de Chile continental, pero en sincronía con otras experiencias coloniales planetarias, transitamos un presente que tanto ha costado ya al pasado, en sus capas y capas de ruinas desperdigadas por esta zona de sacrificio, por la desindustrialización de la producción minera, textil, loza, etc. pero que hoy profundiza su concentración en la industria forestal, y antes de eso, por apropiación y extractivismo de pueblos originarios desde sus territorios ancestrales extirpados, como además luego con campesinos, para ser explotados en dichas industrias y fábricas de muerte, generadas para solventar el costoso progreso de las nuevas naciones latinoamericanas.

Sin embargo, si nos entregamos con afecto a este caos, es justamente en dicho desmantelamiento cultural que hoy atravesamos por la desindustrialización, donde se abren las posibilidades de desmantelar también el relato del pasado antes de ser inscrito, para así proponer una posibilidad de conexión presente con lo futuro, no cerrado y aún en disputa. Cuando todo se fragmenta alrededor, cuando la obsolescencia programada se aplica no solo sobre nuestras aldeas, sino también sobre nuestros cuerpos, ya no hay totalidad ni estructura que resista su desplome. Para ello, nos hace falta una revisión consciente del sistema de creencias heredado y sus falsas categorías, que implique poner en un mismo nivel al rumor de la historia oficial, al relato con los cuentos, los sueños, las pesadillas y los acuerdos legales, tratados internacionales, fábulas y compromisos cotidianos. Así, reventando en las esquirlas del sentido para un despliegue de posibilidades, actuando desde una “afectividad calurosa” como señala Francisco Varela, a través del calor que reconoce las emociones de la otra/o en nosotras/os mismas/os, enlazando el conocimiento de nuestras/os ancestras/os, pero efectivamente de todas y todos sus posibles parentescos, transcontinentales, ayer, hoy y mañana, nuevamente, pero ¿podremos también conectar con sus fallas, sus culpas y sus traumas?… es ahí cuando ya se avizora en el horizonte, cuando ya emerge:

Monstruo Nuevo

En el plano de crear posibles parentescos -haciendo uso de una “fabulación especulativa” como Donna Haraway-, propongo especular una controversia de nuestro supuesto origen, en contexto, donde los estudios de los futurismos ancestrales se inaugurarían por un acontecimiento catastrófico en el siglo XVII., específicamente, durante una explosión volcánica que significó un cisma durante la Guerra de Arauco, entre las huestes españolas y mapuche. A partir de las causas y consecuencias de esa catástrofe y sus acontecimientos que desde allí se articularon, propongo hacer una revisión que desmantele nuestro propio parentesco en su mestizaje especulativo. Anunciado a través de la figura del Monstruo Nuevo, este sería nuestra propia comunidad actual, sin embargo, ya materialmente señalada mucho antes, por el futuro posible que se fabuló desde lo monstruoso, hace siglos en dicho relato ominoso. Además, metodológicamente si se quiere, basándonos en las crónicas de Diego de Rosales, quien a su vez se basó en los relatos del pueblo mapuche y jesuitas, transcribiendo para el reporte que hizo del Parlamento de Quilín en 1641. Entonces, con dichos antecedentes en las fuentes, trazaré un cruce entre el futurismo ancestral instalado por ese siniestro relato señalado, y a su vez, el parlamento como dinámica tecnológica en su articulación material resultante.

Era poco antes de mediados del siglo XVII., la Guerra de Arauco estaba en su auge, si bien el pueblo mapuche llevaba delantera frente al imperio español, sucedió un hecho espectacular que revirtió todo su escenario bélico, provocado por la erupción que aún los investigadores no tienen certezas si se trató del volcán Llaima o de una erupción conjunta, pero que tuvo un carácter tan destructivo, que el pueblo mapuche interpretó como una señal para ceder en la guerra, acelerándose con ello una tregua antes no considerada. Sin embargo, la causa de espanto no terminaría allí, fue la aparición de una bestia desconocida, entre las grietas de las placas tectónicas que emergió del volcán, aquello que les aterrorizó todavía más. Fascinados por ese relato, a su vez los cristianos españoles lo interpretaron como una señal divina de paz en el sometimiento, un hecho verídico de implicancias tanto militar y político, que luego ordenaron ilustrar en una placa de grabado al aguafuerte, la más avanzada tecnología representacional de la época, para el libro La Histórica Relación del Reyno de Chile por Alonso de Ovalle, grabado que a su vez es registro de dicho acontecimiento histórico, un archivo visual para el futuro, esto es, para nuestro presente.

Es en ese acontecimiento catastrófico, donde propongo especular nuestro propio parentesco de origen. Desde las entrañas de la naturaleza austral, aún no conquistada. Desde el fluir del magma con abrasivo calor, aún no dominado. Lo que divisaron los mapuche emerger desde el volcán, su primera aparición en este mundo que les atormentó, fue nuestro propio ser latinoamericano, la imagen del mestizo/champurria que se impondría sobre los pueblos venideros hasta ahora. Así, entonces, después de siglos, hoy somos nosotras/os ese Monstruo Nuevo… incluso, mucho antes que el Hombre Nuevo del revolucionario sueño socialista…

[voz 2]

Las consecuencias de esa visión colectiva, durante su desastre emergido de la tierra, diseminada bajo la figura del Monstruo Nuevo en clave de futurismo ancestral, inscrita como veracidad por su relato documentado, fue usado a conveniencia del conquistador para materializar las paces en un Koyag/Parlamento, a modo de articulador de fuerzas para así negociar una gran tregua. A través de la dinámica tecnológica aplicada por el Koyag/Parlamento, mediante jornadas de diálogo y ceremonias entre diversas figuras y representantes mapuche y españoles, además de jesuitas, se fijaron importantes acuerdos e intercambios, entre ellos: el río Biobío como frontera austral del imperio y la libertad de tránsito sin esclavitud del mapuche en su propio territorio, reconocido por el español, que permitía a su vez el ingreso de misioneros para su evangelización.


Pero, a pesar del momentáneo acuerdo de paz, en una reconversión que continúa por siglos hasta aquí, aquel Monstruo Nuevo que emergió de la catástrofe cultural no desapareció, siguiendo su tránsito histórico, entre los ecotonos de la materia viva, continuó mutando nuestra propia transformación. Desde el grabado donde fue retratado solitario, hoy se escabulle colectivamente en la búsqueda de nuestros parentescos, el cual propongo asumir juntos y colectivamente en su deformidad, por las narrativas que nos interpela en sus múltiples voces. A su vez, imaginando verbalizar juntos en diferentes lenguas sus aullidos y susurros, re-leyendo nuestros relatos del español al mapudungun y a la inversa, para luego, también a otros idiomas lejanos, también despedazados, lenguas impostadas, pero también nativas, aborígenes, mestizas, champurrias. Un rumor transcontinental de vientos y olas verbalizando parlamentos planetarios entre lo humano y no-humano. Todo vuelto a ensamblar a la materia viva de las palabras, con todos sus cortes y fisuras, como una representación contemporánea de dicha monstruosidad, su lenguaje roto que enfatiza también nuestro parentesco mutilado, diseccionado por fragmentos en su desmantelamiento, una y otra vez…

[voz 3]

Eduardo Cruces (Chile, 1987)

Master of Arts in Public Spheres, ECAV, Suiza. Artista, escritor e investigador independiente, con enfoque en prácticas artísticas y sus estados de sociabilización en la esfera pública, especialmente desde contextos en crisis o en vías de transformación, tales como zonas desindustrializadas, zonas de sacrificio, de tránsito y reconversión. Actualmente, es parte activa de diversos vínculos y proyectos colectivos de investigación en redes por Latinoamérica, Suiza y Turquía.